Larga podría ser la historia de la República Dominicana en relación a las demás naciones actuales de las Américas, y rica su cultura debido a la longevidad de su existencia, pero estos lazos culturales no son tan fuertes come deberían ser, ni tan integrados en nuestra sociedad como nuestro pasado habría de ayudarnos a desarrollar.
En realidad, la República Dominicana se ha desenvuelto de manera peculiar, ya que su crecimiento y cultura han sido influenciados decisivamente por factores externos desde su establecimiento. Verdaderamente, podríamos decir que la cultura e identidad dominicana es una mezcla y composición de lo que la ha impactado de forma directa o indirecta.
Hay aquellos que dicen que el dominicano es adaptable, y que es esta cualidad que nos permite ser exitosos en un presente globalizado, debido a nuestro pasado extraordinario, donde la adaptación y flexibilidad surgieron como unas de nuestras más preciadas cualidades.
No debería ser una sorpresa, entonces, que nuestra arquitectura haya tomado estos rasgos culturales que sutilmente han influenciado el resto de nuestra sociedad; desde tiempos coloniales, donde asumimos estilos y formas europeas de diversos orígenes, hasta tiempos más contemporáneos, donde vemos ejemplos de arquitectura moderna, para nombrar una de las mas prominentes, en el crecimiento de la ciudad capital de Santo Domingo. Ciertamente, muchas serian las personas que dirigirían nuestra atención a la falta de Identidad Arquitectónica en República Dominicana, y más todavía los que acreditarían esto como una falta en nuestro nombre, pero si es visto en una perspectiva diferente, también es cierto que nuestra arquitectura es adaptable y en un constante estado de transición.
La Arquitectura Dominicana Actual, entonces, cuenta de un innumerable conjunto de estilos, ambos locales y extranjeros, que han sido adaptados, a veces con éxito y a veces no, para el empleo de proyectos y desarrollo infraestructural de nuestro país. Es por esto que aunque enfrentados con grandes dificultades, tanto culturales como económicas, sociales y demás, que el Arquitecto dominicano siempre está buscando, consiente o inconscientemente, por adaptación o copia, una forma y una composición arquitectónica que sea tan adaptable como el país en el que vivimos, que sea tan única como la cultura en la que hemos originado.
¿Quién sabe? Puede ser que en el transcurso de nuestro crecimiento y desarrollo, que la República Dominica llegue a elaborar su propia imagen, única e independiente de resto del mundo; un mundo donde la globalización y la mezcla cultural es una actualidad irrefutable, y donde la República Dominicana esta mejor preparada que muchos pensarían para ser integrada en el ámbito internacional.
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